La joven madre muy desconcertada lo perseguía escalera abajo, el pequeño no paraba de correr, parecía que hubiera visto la peor revelación de este mundo. La madre se detuvo, a mitad del pasillo en el primer piso, y observó paralizada al pequeño que de espaladas hacia ella ahora miraba fijamente al ventanal. El pánico no tuvo mayor piedad con ella para que sólo le permitiera preguntar: “¿cariño mío, qué pasa? El niño se dio vuelta y con los ojos anegados respondió que él era un accidente, que no quería vivir más porque él era un accidente. “pero ¿Por qué dices eso, bebé, de dónde sacaste esas cosas?”, preguntaba la madre al borde del llanto. Él pequeño estiró su mano, en cuyo puño había un papel arrugado. Ella cogió el papel rápidamente y lo abrió mientras su hijo sollozaba muy agitado. En el papel se leía lo siguiente:
“Viernes 6 de Nov. 2003
Hoy supe que estoy esperando un hijo, realmente no puedo dejar de pensar qué será de mí ahora, tengo miedo. Siento que soy invadida por un cúmulo de culpas y odio. Cómo le diré a mis padres, qué haré con el colegio. Esto es lo más triste que me ha pasado en la vida, estoy desconsolada, desesperada, sólo quisiera que alguien viniera a despertarme y acabara con este mal sueño, y me dijera que todo sigue como antes.
Esto es el peor error que pude cometer, un horrible accidente, quiero morir…”
Cuando acabó de leer, rompió en un llanto amargo, se arrodilló frente a su hijo y lo abrazó fuertemente, sin poder entender aún como es que el pequeño había podido comprender lo que decía esa hoja, que pertenecía a un antiguo diario de vida, si a penas sabía leer un par de sílabas.
De pronto, tomó la página nuevamente, y al reverso, en una esquina, un pequeño dibujo respondía un poco más a sus preguntas…











